CONOCE MEJOR A LOS GRANADEROS DEL CANYAMELAR

La palabra GRANADERO, según consta en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, define a“un soldado de elevada estatura que avanzaba en cabeza de formación arrojando granadas”. Estos soldados eran los que iniciaban las marchas en la formación de los desfiles militares.


Aunque se atribuye su origen al ejército francés, en España fueron creados inicialmente en 1685 cuando se mandó organizar en España estas compañías de gra­naderos, y así se recogió en la R.O. de 26 de abril de dicho año, real orden dictada por Carlos II. Al dictar Felipe V la Ordenanza de Flandes de 10 de abril de 1702, se constituyó el ejército español a semejanza del francés, disponiendo que en cada bata­llón de 13 compañías hubiese una de granaderos, que era mantenida por el resto de las compañías.

Años antes, durante el reinado de Felipe II, el entonces Marqués de Mondejar, Virrey de Valencia, en el verano de 1574 mandó construir lo que se conocería como “La casa de las Armas”, baluarte defensivo que quedó emplazado junto a la Porta de la Mar, en el ángulo que formaba la muralla entre esta puerta y la del Real. En 1707 durante el reinado de Felipe V y como conmemoración de la batalla de Almansa, después de abolir los “Fueros de Valencia”, éste monarca mandó transfor­mar la “Casa de Armas” en una adusta “Ciudadela”, rodeada de robustas murallas, fosos y bastiones, con siniestros cañones apuntando hacia la Ciudad.

En 1716, se construyó en la Alameda una ermita dedicada a la Virgen de la Soledad, tal como  consta en la pág. 121 del Resumen Historial de la Fundación y Antigüedad de Valencia” (Pascual Escaples - 1738): “En la espaciosa Alameda de esta ciudad, en el año 1.716, don Rodrigo Caballero, Corregidor e Intendente General, mandó labrar una preciosa y rica ermita a modo de óvalo, con habitación capaz para una familia, en la cual depositó en su Altar a Nuestra Sra. de la Soledad. Es obra curiosa y rica, a cuyo sitio van frecuentemen­te los moradores de esta Ciudad. Esta pues, para mayor decencia, custodia y con­servación, la encomendó a los Religiosos Descalzos de San Francisco de Asís, esta­bleciéndola para que con su asistencia, fuese más venerada”.

ORIGEN Y REPRESENTACIÓN EN LA SEMANA SANTA MARINERA

Uno de los actos de más trascendencia y repercusión consistía en que todos los años, durante la Semana de Pasión, la Virgen de la Soledad, acompañada de sus peni­tentes, a través de acequias, torrentes, caminos fangosos e incluso inexistentes, sin luz, con la sola iluminación que obtenían con sus antorchas, era llevada a altas horas de la noche a esas barracas ubicadas a la orilla del mar, llamadas Grao, Canyamelar y Cabañal -Pueblo Nuevo del Mar-, en dónde celebraban la Semana Santa. La Virgen acompañaba al Santísimo en su agonía del “Vía Crucis”, hasta su muerte en el monte “Gólgota” y posteriormente a su sepultura en el huerto de José de Arimatea.

Es por aquella época que el comandante de la Ciudadela, -hombre católico?-preocupado y apiadado de este angustioso caminar de los penitentes, expuestos a los peligros de bandoleros, animales salvajes y personas de mal vivir, que amenazaban las afueras de la Ciudad, mandó que una guardia de apuestos Granaderos, con uniforme de gala, custodiara la Virgen en su ida, y en su vuelta. Por entonces no habían caminos como hoy, si no que eran senderos con acequias, barrancos, huertas sin poblar… Debería de dar miedo el aventurarse por esos lugares en la oscuridad de la noche que era cuando empezaban y terminaban las procesiones. Desde esos tiempos esa llamativa y aguerrida guardia de Granaderos custodiaron a la Virgen y a sus penitentes, manteniendo dicha escolta hasta la invasión francesa de 1808.

Una vez conquistada Valencia por las tropas francesas (1811) el mariscal Suchet quiso atraerse el afecto del pueblo de Valencia y, cuando llegaron los días de la Semana Santa, fueron apuestos Granaderos franceses, con sus vistosos uniformes, alto “morrión” y llamativas prendas de cuerpo, quienes prestaron a la Virgen de la Soledad una nota de vivo color que dio un gran atractivo a las solemni­dades de ése acto , a pesar del agobio del yugo dominador.

Vencido finalmente el coloso napoleónico por el genio indomable de los espa­ñoles, cuenta la tradición que, en su huida, fueron perseguidos valerosamente por aque­llos marineros y pescadores de los Poblados Marítimos, alguno de los cuales las guar­daron como ““trofeo” las prendas del uniforme de los odiados dominadores galos. Al año siguiente, había que ensalzar más aún, las fiestas de la Pasión y la Virgen de la Soledad no tenia porque echar de menos aquella deslumbrante comitiva que, por tan triste oca­sión se le había brindado el año anterior.

A la rápida inspiración valenciana le ha sobrado siempre arrestos para conjurar los mas difíciles conflictos y, aquel Jueves Santo de Liberación una nutrida formación de Granaderos, volteando airosos sus morriones, con la insignia “Napoleónica” en la empuñadura de sus sables, custodiaba a la Virgen de la Soledad, escondiendo bajo pia­dosa “careta” los rostros curtidos de aguerridos marineros y pescadores que rendían a la mas sublime advocación de la Virgen con su dolor y soledad de Madre, el botín y las prendas que, defendiendo a su Patria, habían arrancado de los cuerpos del invasor.

Y es a partir de ése año que, rememorando esta insigne victoria, una formación de Granaderos custodia a la Virgen de la Soledad en todas sus procesiones, como símbolo de fe y patriotismo de un pueblo que pone sus designios en Dios, y sus esperanzas a la salvadora protección de la Virgen.

Y así queda aquí plasmado el origen histórico de las diferentes corporaciones y cofradías de Granaderos que han procesionado, procesionan y procesionarán en nuestra Semana Santa Marinera de Valencia.

Nuestra Cofradía, organizada como tal, data del año 1882, aunque oficialmen­te quedó inscrita en el año 1908, celebrando su Centenario en el año 1982.

A lo largo de los años, el traje de Granadero ha sufrido diferentes transformaciones, diferentes cambios que, aunque no son transcendentales, si que afectan, en algo, a la estética. Por ejemplo en el morrión (gorro), podemos ver como allá por los años 20 lleva un penacho de plumas con colores mezclados -blancas y moradas-, encarado en su parte delantera, y bordado sobre el mismo terciopelo negro figura -en sustitución del emblema napoleónico- un Ave-Maria, emblema de la Cofradía. No lleva “charreteras”, ni tampoco “gorguera”, distintivo reservado generalmente a los oficiales, y bordados en los antebrazos llevan galones de oficial.

Es a partir de 1931 cuando se añaden las “charreteras” ú hombreras y la gorguera y se cambian las plumas de los morriones, adaptándose unas plumas en penachos sepa­rados, uno blanco y otro morado, que pueden cambiarse dependiendo del uniforme con que ese día se procesione o desfile, y en 1937 cuando se hace cargo el Sr. Martí -sastre­, de la confección de nuestros trajes, se produce el cambio y quedan como los que hasta ahora lucimos, esto es guerrera de terciopelo negro cruzada con botones dorados, bocamanga de raso morado, charreteras negras con galones dorados, gorguera en metal dorado, calcetines, guantes y pantalón negros, plumero y fajin morado, morrión napoleónico de terciopelo negro con el emblema de la Cofradía bordado en oro en su parte trasera, sable de suboficial, cartuchera y zapatos de charol negro. Viernes por la tarde “careta” negra con lentejuelas doradas y perlas formando el ana­grama de la Virgen. Domingo de Ramos y de Resurrección plumero, calcetines, guantes, pantalón y fajin blancos.